Los adolescentes de entre 15 y 19 años y las mujeres de todas las edades son los más afectados, especialmente por ansiedad y depresión.
Un estudio publicado en la revista The Lancet estima que cerca de 1.200 millones de personas —un 14% del planeta— sufren problemas de salud mental. Esto es, en números absolutos, casi el doble de lo registrado en 1990. Los expertos atribuyen este alza a que ha mejorado la detección, pero también asumen que la pobreza enquistada, las guerras, el impacto de desastres naturales y fenómenos tan disruptores como la pandemia de Covid han disparado la incidencia de algunos trastornos. Los adolescentes de entre 15 y 19 años y las mujeres de todas las edades son los peor parados: ellos soportan los niveles más altos, especialmente por ansiedad y depresión. Según el estudio, los trastornos mentales ya son la principal causa de discapacidad en el mundo, por encima incluso de las dolencias cardiovasculares, el cáncer o los problemas musculoesqueléticos.
La nueva revisión científica, que ha repasado la epidemiología de una docena de trastornos psiquiátricos en 200 países entre 1990 y 2023, estima que la prevalencia de estas dolencias estandarizada por edad —es decir, eliminando el efecto distorsionador del envejecimiento demográfico— ha aumentado un 24% en tres décadas. Lo que más creció fue la ansiedad (65% más) y la depresión (41%), pero también se observó un aumento de los trastornos de la conducta alimentaria (entre el 17% y el 22%) y del espectro autista (21%).
A propósito del auge de los trastornos de ansiedad y depresión, que tocan techo tras la crisis sanitaria de Covid, Damian Santomauro, profesor del Centro de Investigación en Salud Mental de Queensland (Australia) y autor del estudio, considera que estas tendencias al alza “pueden reflejar tanto los efectos persistentes del estrés relacionado con la pandemia como factores estructurales a largo plazo, como la pobreza, la inseguridad, el abuso, la violencia y la disminución de la conexión social”. En un comunicado, el científico advierte: “Abordar este creciente desafío requerirá una inversión sostenida en los sistemas de salud mental, un mayor acceso a la atención y una acción global coordinada para brindar un mejor apoyo a las poblaciones más vulnerables”.
La ola de mala salud mental se ha extendido por todo el planeta. Hay disparidad entre territorios, pero de la tendencia alcista no se salvan los países ricos ni los pobres. Dentro de las regiones de altos recursos, por ejemplo, destaca el auge de la ansiedad en la zona de Australasia y de trastornos del espectro autista en el área de Asia-Pacífico. Pero los cuadros ansiosos, por ejemplo, también se disparan en América Latina, en el sur de Asia, o el oeste de África Subsahariana.
Según la Organización Mundial de la Salud, 1 de cada 7 jóvenes de entre 10 y 19 años padece algún tipo de trastorno mental, siendo la depresión, la ansiedad y los trastornos del comportamiento las principales causas de enfermedad y discapacidad en los adolescentes. El 9% de adolescentes de 13 a 17 años reportó sentirse deprimido y el 13% angustiado durante 2024 (UNICEF, 2024). Además, los trastornos alimentarios son una problemática creciente: 1 de cada 5 adolescentes manifestó preocupación por su imagen corporal y entre el 6 y 8% rechaza comida, tiene atracones o come a escondidas (UNICEF, 2024).
En Argentina, aproximadamente 1 de cada 3 personas presenta un problema de salud mental a partir de los 20 años. Los trastornos más comunes son los de ansiedad, el estado de ánimo (como la depresión mayor) y el consumo de sustancias.
Brecha de género
La radiografía de la salud mental del planeta también cristaliza una profunda brecha de género que atraviesa todas las etapas vitales. En conjunto, la prevalencia de trastornos mentales y la pérdida de años de vida saludables relacionados con estas dolencias fueron mayores en mujeres, aunque esta carga específica sobre ellas surge especialmente a partir de los 15 años, cuando los niveles de depresión y ansiedad empiezan a ser mayores. Antes, entre el nacimiento y los 14, los trastornos mentales más frecuentes son los de conducta y relacionados con el neurodesarrollo, como el autismo o el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), y ahí la prevalencia es mayor en varones.
Los autores sospechan que hay una interacción de mecanismos psicológicos, sociales y biológicos que explican una mayor prevalencia de los trastornos psiquiátricos entre mujeres durante buena parte de la vida. “En comparación con los varones, las mujeres experimentan menor autoestima, mayor tendencia a la vergüenza relacionada con el cuerpo y mayores tasas de violencia doméstica y abuso sexual. Las mujeres [también] experimentan cambios biológicos, especialmente durante el periodo periparto, mayores responsabilidades de cuidado y están sujetas a otras desigualdades estructurales, como la discriminación de género y la menor equidad de género”, enumeran.
Todas esas cargas adicionales pasan factura a la salud mental, aunque los autores admiten que falta investigación para analizar cómo interfieren estos factores de estrés y cómo afectan de forma diferente las vías terapéuticas, según el sexo. En 2023, 620 millones de mujeres de todas las edades vivían con un trastorno mental, mientras que la cifra de hombres afectados por estas dolencias se situaba en 552 millones.
Los trastornos de salud mental no matan. O no tanto como otras enfermedades. Pero su impacto en la calidad de vida y en el grado de discapacidad que generan, especialmente en personas en edad laboral, es lo que mantiene en alerta a la comunidad científica. El estudio de The Lancet, que dispone de un parámetro para calcular el impacto total de una enfermedad en la vida de una persona —estima los años de vida perdidos con mala salud, discapacidad y por muerte prematura (DALY, por sus siglas en inglés)—, concluye que los trastornos mentales ya son la quinta enfermedad que más pérdida de vida saludable causa. En 1990 era la duodécima. “Los hallazgos sugieren que estamos entrando en una fase aún más preocupante de empeoramiento de la carga de trastornos mentales a nivel mundial. Resulta preocupante que este aumento de la carga no haya ido acompañado de una expansión proporcional de los servicios de salud mental para satisfacer la creciente demanda a nivel mundial”, sopesan los autores.



