Expertos piden cambiar las tendencias alimentarias actuales para abastecer a la población sin agotar los recursos del planeta.

La dieta no solo es la base de la salud humana, sino también la del planeta. Por eso, hoy más que nunca, es urgente transformar el sistema alimentario actual, insostenible y poco saludable sobre el que se sustenta la alimentación global y apostar por nuevas tendencias que hagan posible un futuro en la Tierra. De no hacerlo, en 2050, cuando la población mundial alcance los casi 10.000 millones de personas, será imposible cubrir las necesidades alimentarias globales sin agravar la crisis climática.

Para dar respuesta a este desafío, la Comisión EAT-Lancet –un grupo de expertos internacionales en nutrición, salud pública y sostenibilidad– ha publicado un informe en el que propone transformar el sistema alimentario actual. Su objetivo es impulsar dietas saludables, sostenibles y equitativas que permitan alimentar a toda la población sin agotar los recursos del planeta.

Tal y como explican expertos del Hospital Clínic Barcelona, con una dieta más equilibrada, se podrían evitar cada año más de 15 millones de muertes a nivel global vinculadas a enfermedades cardiovasculares, diabetes y obesidad. También se reducirían las emisiones globales de gases de efecto invernadero –de las que el sistema alimentario actual es responsable en más de un 30%– y se evitarían la deforestación y la pérdida de biodiversidad.

Partiendo de este doble objetivo –cuidar la salud humana y proteger el medio ambiente–, la Comisión EAT-Lancet ha desarrollado la llamada “dieta de salud planetaria”. Se basa, sobre todo, en el consumo de alimentos de origen vegetal, preferentemente mínimamente procesados, y en la reducción del consumo de carnes rojas y otros productos de origen animal. La propuesta no pretende eliminar ningún grupo de alimentos, sino, más bien, encontrar un mejor equilibrio que beneficie tanto al cuerpo como a los ecosistemas.

Hoja de ruta para 2050

Por otro lado, la Comisión EAT-Lancet recomienda en su informe una serie de acciones concretas que ayudarían a reducir drásticamente las emisiones de dióxido de carbono, el uso de antibióticos en la ganadería y la incidencia de enfermedades crónicas no transmisibles. Algunas de ellas: reducir en dos tercios el número de animales de granja; duplicar el consumo de frutas, verduras, legumbres, frutos secos y semillas; y reducir a la mitad el consumo de carne roja y azúcares añadidos, especialmente en los países más ricos.

El informe también señala ocho medidas que se deberían adoptar para incentivar las dietas saludables y reducir los desperdicios alimentarios a la mitad:

Incentivar fiscalmente los alimentos saludables y aplicar impuestos a los menos nutritivos

Actualizar las guías nacionales para incluir criterios de sostenibilidad

Impulsar la educación nutricional desde la infancia

Reorientar las políticas agrícolas hacia la producción de alimentos saludables

Mejorar el almacenamiento y la distribución de productos agrícolas

Promover campañas para reducir el desperdicio en hogares, comedores y supermercados.

Cambiar la dieta no es solo una cuestión individual, sino una necesidad colectiva con impacto global. La evidencia científica señala que es necesario transformar la manera en que producimos y consumimos alimentos. Adoptar estas medidas es un paso decisivo para preservar los recursos del planeta y asegurar un futuro sostenible para todos.

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