Aunque suele minimizarse como una simple desorientación o mareo, este trastorno del movimiento es una de las causas más frecuentes de incapacidad temporal y consultas en urgencias.
El vértigo no es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma clínico caracterizado por una sensación ilusoria de movimiento y pérdida de la orientación espacial. Quienes lo padecen sienten que su entorno gira a su alrededor o que su propio cuerpo se desplaza o balancea, una vivencia incapacitante que impacta de lleno en la rutina diaria y laboral.
Además de la sensación de estar girando o rotando, pueden acompañar al vértigo síntomas como los siguientes:
Nistagmo: son movimientos habitualmente involuntarios, rápidos y repetitivos de los ojos. Estos se mueven de lado a lado (de forma horizontal), hacia arriba y hacia abajo (vertical) o de forma circular (rotatoria).
Mareo, sudoración, náuseas y vómitos. Taquicardia.
En ocasiones, acúfenos (zumbidos o pitidos en el oído) o pérdida de audición en un oído.
Pérdida del equilibrio. Son frecuentes las caídas, lo cual, a su vez, aumenta el riesgo de fracturas.
Además, algunos tipos de vértigo menos frecuentes pueden asociarse a visión doble, parálisis facial dificultades para hablar o debilidad en las extremidades.
Según datos difundidos por la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello, 80% de las personas experimentará al menos un episodio de vértigo a lo largo de su vida. Sin embargo, la magnitud de esta condición trasciende lo eventual: entre un 85% y un 90% de los casos corresponden a vértigos periféricos, originados por alteraciones en las estructuras del oído interno (sistema vestibular) o en el nervio vestibular.
En Argentina, el vértigo y los trastornos del equilibrio constituyen una causa constante de consulta tanto en la práctica ambulatoria como en las guardias médicas.
Publicaciones de la revista médica Medicina (Buenos Aires) señalan que el Vértigo Posicional Paroxístico Benigno (VPPB) es la variante de vértigo recurrente más prevalente, afectando a un estimativo del 2,4% de la población general, con una probabilidad considerable de reaparición a lo largo de los años.
Impacto en adultos mayores: En el ámbito local y regional, la incidencia se incrementa notoriamente con la edad. Registros epidemiológicos indican que hasta un 20% de las personas mayores de 65 años padece episodios de vértigo o inestabilidad crónica, lo que representa un factor de riesgo crítico para caídas, fracturas de cadera y pérdida de autonomía.
Revistas especializadas en otorrinolaringología revelan una mayor prevalencia en mujeres (representando cerca del 59% de los casos evaluados). Asimismo, investigaciones clínicas asocian esta condición con factores como trastornos cervicales (presentes en más del 52% de los pacientes) e hipertensión arterial (50%).
Migraña vestibular y salud mental: Estudios metaanalíticos recientes ubican a la migraña vestibular en hasta un 26% de los pacientes consultantes por vértigo. Además, publicaciones clínicas destacan que hasta un 50% de los pacientes con mareo o vértigo crónico sufren trastornos de ansiedad o depresión secundarios.
Diferencias clave: Vértigo Periférico vs. Vértigo Central
Origen neurológico: Mientras que el vértigo periférico se origina en el oído interno o el nervio vestibular, el vértigo central tiene su causa en el cerebro o el tronco encefálico.
Inicio e intensidad de los síntomas: El cuadro periférico se distingue por un inicio brusco e intenso con episodios de duración breve o en forma de crisis. Por el contrario, el central evoluciona de manera progresiva, siendo de menor intensidad pero más prolongado en el tiempo.
Factores desencadenantes: Los episodios de vértigo periférico suelen desencadenarse o empeorar notablemente con los movimientos de la cabeza y los cambios de postura, mientras que el vértigo central aparece independientemente de estos movimientos cervicales.
Síntomas acompañantes: El vértigo periférico suele acompañarse de nistagmo (movimientos oculares involuntarios), náuseas, vómitos, acúfenos e hipoacusia. En cambio, el central genera manifestaciones como visión doble, parálisis facial, alteración en el habla o debilidad en las extremidades.
Causas subyacentes: Las causas principales del vértigo periférico son el VPPB, la enfermedad de Ménière y la neuritis vestibular. En contraste, el vértigo central responde a accidentes cerebrovasculares (ACV), migraña vestibular, esclerosis múltiple o tumores cerebrales.
Recomendaciones clave ante un episodio agudo
1. Recostarse de inmediato: Ante la primera sensación de giro, acostarse en una superficie estable y evitar mirar pantallas o leer.
2. Entorno adecuado: Aislarse en una habitación en silencio y con iluminación tenue.
3. Movimientos pausados: Evitar giros repentinos de cuello o incorporarse bruscamente de la cama (sentarse primero unos minutos en el borde).
4. Consulta médica: Aunque el VPPB suele resolverse mediante maniobras de reposicionamiento realizadas por un profesional, es imprescindible descartar causas centrales o vasculares mediante un diagnóstico adecuado.



