La Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica, popularmente conocida como EPOC, se caracteriza por un bloqueo persistente del flujo de aire. Se trata de una enfermedad sub diagnosticada y potencialmente mortal que altera la respiración normal y no es totalmente reversible.

Según datos del Ministerio de Salud de la Nación, en Argentina hay más de dos millones de personas que padecen de EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica), en distintos niveles de gravedad, y muchas de ellas lo desconocen, ya que minimizan sus síntomas. Hay dos formas principales de EPOC:

Bronquitis crónica: definido clínicamente por la presencia de tos que produce expectoración durante al menos tres meses al año por más de dos años.

Enfisema: que está caracterizado por pérdida de la elasticidad pulmonar, destrucción de las estructuras que soportan el alvéolo y destrucción de capilares que suministran sangre al alvéolo.

La mayoría de las personas con EPOC tienen una combinación de ambas afecciones. La EPOC también puede producir alta presión arterial en los pulmones (hipertensión pulmonar), la cual puede dar lugar a un tipo de enfermedad del corazón denominada «cardiopatía pulmonar».

La causa principal de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica es el tabaquismo. Cuanto más fume la persona, mayor probabilidad tendrá de desarrollarla.

La enfermedad se inicia, típicamente, en personas que han sido fumadoras durante más de 10 años, lapso durante el cual no existían síntomas o pasaban desapercibidos. La primera de las manifestaciones es la aparición de tos crónica y productiva (con expectoración). Luego, y de manera progresiva, comienzan a insinuarse las dificultades respiratorias, que se evidencian inicialmente durante la práctica de actividad física.

Con el transcurso del tiempo, las alteraciones respiratorias y las crisis de tos productiva se tornan más frecuentes y aparecen incluso en reposo. De este modo, comienzan a obstaculizar el desempeño cotidiano y el paciente debe dormir, en muchos casos, semisentado. Por otra parte, la deficiencia de oxígeno y la acumulación de dióxido de carbono puede dar lugar a dolores de cabeza, insomnio, irritación y alteraciones en el rendimiento intelectual.

El diagnóstico de EPOC debe ser considerado en cualquier paciente que tenga síntomas crónicos de tos, expectoración, disnea, y/o historia de exposición a factores de riesgo para la enfermedad, como el tabaquismo.

Los otros factores de riesgo a mencionar incluyen:

Factores hereditarios.

Fumadores pasivos

Exposición a la contaminación ambiental o laboral.

Antecedentes de enfermedades respiratorias en la infancia.

La presencia de EPOC se confirma con una prueba diagnóstica simple, llamada espirometría, que mide la cantidad y la velocidad del aire inspirado y espirado. Usar un estetoscopio para auscultar los pulmones o hacer radiografías o una tomografía, también pueden ser útiles, pero algunas veces parecen normales incluso cuando la EPOC está presente. Algunas veces, es necesario hacer un examen de sangre para medir las cantidades de oxígeno y dióxido de carbono. Como tiene una evolución lenta, generalmente se diagnostica en personas de 40 años o más.

La pérdida de capacidad física y de la aptitud laboral que se dan como consecuencia, provocan con frecuencia un cuadro de depresión psíquica.

Síntomas

Tos con moco

Dificultad respiratoria (disnea) que empeora con actividad leve

Fatiga

Infecciones respiratorias frecuentes

Sibilancias

Prevención y tratamiento

El hecho de no fumar previene la mayoría de los casos de EPOC. Existen programas para dejar el hábito e incluso hay medicamentos que ayudan y son más efectivos si una persona está motivada para dejar el cigarrillo.

Los distintos tratamientos incluyen:

Vacunas (gripe y neumonía).

Tratamiento agresivo de las infecciones pulmonares (antibiótico).

Broncodilatadores.

Corticosteroides.

Oxígeno suplementario.

Programa de ejercicios supervisado.

Apoyo psicológico/familiar. (evitar el aislamiento).

Dieta. Planificar la alimentación para evitar tanto un sobrepeso como una desnutrición.

Cirugía (reducción del volumen del pulmón y trasplante de pulmón).

Por su parte, La rehabilitación cubre problemas no pulmonares que afectan a estos pacientes, como la falta de acondicionamiento físico, el aislamiento social, las alteraciones emocionales (en especial la depresión), la pérdida de masa muscular por desuso y posiblemente también por un defecto muscular particular de esta enfermedad que sería reversible con la rehabilitación respiratoria. Entre los objetivos de esta terapia figuran: reducir los síntomas, mejorar la calidad de vida, mejorar el rendimiento físico y lograr la reinserción social de aquel paciente aislado por la enfermedad.

Hola, 👋
Encantados de conocerte.

Regístrate para recibir contenido interesante en tu bandeja de entrada, cada mes.

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.