Investigaciones recientes han detectado la presencia de estas partículas en órganos como el hígado, el riñón e incluso el cerebro.
En los últimos años, la presencia de microplásticos en el medio ambiente ha pasado de ser una preocupación exclusivamente ecológica para convertirse en un posible factor emergente de riesgo para la salud. La comunidad científica ha encendido las alarmas tras investigaciones que han detectado la presencia de microplásticos en diversos órganos del cuerpo humano.
“Si miramos nuestro entorno, el plástico está presente en todas partes: está en el aire, en el agua, en los alimentos que comemos”, explica el Dr. Arturo Renú, neurólogo del Hospital Clínic Barcelona. “Esto hace muy difícil evitar completamente su exposición”, añade. Además, la capacidad de los microplásticos para atravesar barreras biológicas y la dificultad que supone tanto detectarlos como eliminarlos, los convierte en un reto para la salud pública.
¿Qué dicen las investigaciones?
Uno de los descubrimientos más significativos, publicado en Nature Medicine, ha detectado microplásticos en muestras “post mortem” de órganos como el hígado, el riñón y, por primera vez, el cerebro. Este hallazgo resulta especialmente importante, ya que demuestra que los microplásticos pueden atravesar la barrera hematoencefálica, es decir, el sistema de protección que aísla el cerebro de sustancias potencialmente tóxicas, algo que hasta ahora solo se había observado en modelos animales.
Por otro lado, la acumulación de microplásticos en órganos encargados de depurar el cuerpo, como el hígado o los riñones, sugiere que el organismo podría tener dificultades para eliminarlos. Con el tiempo, estas partículas podrían acumularse, lo que genera incertidumbre sobre su impacto a largo plazo.
Otra investigación, publicada en New England Journal of Medicine, detectó la presencia de microplásticos en placas de colesterol de pacientes operados de las arterias carótidas, que son las que suministran la mayor parte de sangre al cerebro. Al entrar en el organismo, los microplásticos pueden producir reacciones inflamatorias y alteraciones metabólicas asociadas al estrés oxidativo, según explican especialistas del Hospital Clínic Barcelona.
Estos procesos de inflamación y oxidación podrían dañar las arterias, afectar la salud vascular cerebral y, en consecuencia, aumentar el riesgo de ictus, añaden. A este riesgo se sumarían los factores clásicos como el colesterol, la diabetes, la hipertensión, el tabaco o el alcohol.
Recomendaciones para reducir la exposición a microplásticos
Pese a que, como señala el neurólogo Renú, vivimos rodeados de plásticos y microplásticos, se pueden tomar medidas para ayudar a reducir la exposición del cuerpo a estas partículas.
Entre ellas se encuentran evitar en la medida de lo posible alimentos envasados en plástico, optar por agua filtrada y reducir el consumo de agua embotellada, no calentar alimentos con plástico porque el calor facilita su degradación, ventilar correctamente los espacios cerrados y evitar productos que contengan microesferas, como algunos cosméticos.
Frente a la creciente presencia de microplásticos en el entorno y el cuerpo humano, es importante promover medidas preventivas y avanzar en la investigación para comprender mejor cómo afectan al organismo.





