Según un nuevo estudio, la nutrición afecta la calidad de los espermatozoides y por ende, los niveles de fertilidad; pero también el consumo excesivo de “comida chatarra” de la madre provoca efectos nocivos en el embrión.
Consumir demasiados alimentos ultraprocesados puede estar reduciendo la fertilidad masculina y afectando el desarrollo embrionario, sugiere un nuevo estudio.
Los investigadores analizaron el impacto combinado del consumo de la “comida chatarra” de las madres y los padres durante el embarazo.
Dieron seguimiento a 831 mujeres y 651 parejas masculinas, monitoreando sus dietas antes y después de la concepción.
Los alimentos ultraprocesados representaron alrededor del 25% de la dieta de los hombres y el 22% en el caso de las mujeres.
Las mujeres también se sometieron a ultrasonidos para medir el crecimiento embrionario.
Los resultados: en los hombres, un mayor consumo de alimentos ultraprocesados se asoció con subfertilidad y un mayor tiempo para lograr el embarazo… posiblemente porque los espermatozoides son especialmente sensibles a la dieta, según los investigadores.
Por ello, una dieta para mejorar la fertilidad masculina debe ser rica en antioxidantes (vitaminas C, E, selenio, zinc) y grasas saludables (omega-3, aceite de oliva) para proteger y mejorar la calidad, movilidad y concentración espermática. Se recomienda seguir un patrón de dieta mediterránea, incluyendo pescados, frutos secos, verduras y cereales integrales.
En las mujeres, un mayor consumo de ultraprocesados se vinculó con embriones y sacos vitelinos ligeramente más pequeños hacia la séptima semana de embarazo.
Una nutrición adecuada en el embarazo es fundamental para el desarrollo del bebé y la salud materna, requiriendo un mayor aporte de ácido fólico, hierro, calcio y proteínas. Se recomiendan comidas equilibradas, ricas en nutrientes y evitar alimentos crudos o con alto riesgo de contaminación.
La autora principal del estudio señala que estos hallazgos “sugieren que una dieta baja en alimentos ultraprocesados sería lo mejor para ambos miembros de la pareja, no solo para su propia salud, sino también para sus probabilidades de embarazo y la salud de su hijo por nacer.”





