Cada vez más menores atraviesan su desarrollo antes de los 12 años, la edad promedio para la aparición de la primera menstruación. Una reciente publicación de la revista Nature alertó sobre las causas, como la obesidad, hasta ahora poco tenidas en cuenta.
Niñas de todo el mundo están atravesando la pubertad a edades cada vez más tempranas, un fenómeno que despierta inquietud entre los especialistas y las familias.
Este adelanto, identificado como pubertad precoz, se hizo más visible en la última década, con un marcado aumento de consultas y diagnósticos, especialmente durante la pandemia de COVID-19.
Una reciente publicación de la revista Nature mostró que la edad promedio de la menarquia descendió de manera sostenida desde mediados del Siglo XX.
En los años 60, el desarrollo mamario se estabilizaba cerca de los 11 años, pero en la década del ’90 en Estados Unidos, el inicio bajó a entre nueve y diez años, una tendencia que se replica en Europa, Asia y África, con matices regionales.
En Argentina, los registros más recientes confirman el adelantamiento del desarrollo puberal, con predominio de casos en niñas, según publicaciones de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).
Definición y diagnóstico de la pubertad precoz
La pubertad precoz se define como el inicio del desarrollo puberal antes de los ocho años en las niñas. Sin embargo, algunos especialistas consideran necesario revisar este umbral ante el panorama actual.
Clínicas especializadas y publicaciones médicas coinciden en que los diagnósticos se incrementaron de forma significativa tras la pandemia.
Según lo publicado en Nature, la evidencia científica reciente muestra una asociación clara entre el aumento de la obesidad infantil y el adelanto de la pubertad en niñas. Los datos indican que las tasas globales de obesidad en niños y adolescentes crecieron del 2% en 1990 al 8% en 2022, y en Estados Unidos superan el 20%. Investigadores citados por la revista explican que el exceso de tejido adiposo eleva los niveles de leptina, una hormona clave en la regulación del desarrollo sexual, y que este mecanismo puede activar de forma anticipada los procesos hormonales que desencadenan la pubertad. Aunque la obesidad no es el único factor involucrado, Nature destaca que su papel es determinante en la tendencia global hacia una pubertad más temprana.
Los especialistas también señalan a los disruptores hormonales presentes en plásticos, pesticidas, cosméticos y residuos industriales como posibles responsables. El estrés infantil es otro factor relevante. La epidemióloga Lauren Houghton, citada en Nature, encontró que niñas con altos niveles de estrés y mayor índice de masa corporal desarrollan el botón mamario siete meses antes que sus pares. Durante la pandemia, la combinación de estrés y cambios de rutina habría sido un desencadenante adicional.
La pubertad precoz implica mayores riesgos de obesidad, enfermedades cardiovasculares y cáncer de mama en la adultez, además de una reducción de hasta diez centímetros en la talla final por cierre prematuro de los cartílagos de crecimiento. Desde el plano psicológico, las niñas pueden enfrentar depresión, ansiedad, crisis de angustia y aislamiento debido al desfase respecto a sus pares.
Tratamiento y perspectivas
El tratamiento de la pubertad precoz, según la endocrinóloga pediátrica Analía Freire, “es seguro y efectivo. Su acción es transitoria y reversible, y permite controlar la producción hormonal para que el desarrollo se ajuste a las etapas adecuadas, reduciendo riesgos físicos y psicológicos”.
Se prevé que la Endocrine Society publique este año nuevas directrices internacionales para actualizar los criterios diagnósticos y reforzar el enfoque multidisciplinario, involucrando tanto componentes médicos como educativos y familiares.
La tendencia al adelanto puberal exige vigilancia clínica, prevención y el acompañamiento cercano de las familias para garantizar un desarrollo saludable y emocionalmente protegido.





