En el primer semestre de 2025 se confirmaron 473 casos de intoxicados. Es un salto notorio respecto a la media en el mismo lapso entre 2020-2024.

El invierno se instaló con fuerza en todo el país y expuso un problema de salud pública que cada año gana visibilidad por su gravedad: la intoxicación por monóxido de carbono, un gas invisible, inodoro e incoloro, que representa una amenaza real en espacios cerrados y mal ventilados.

La ola polar que afecta a gran parte del país está dejando cifras preocupantes en cuanto a personas intoxicadas con este gas.

Hasta la semana del 21 de junio, el Ministerio de Salud registró 473 personas intoxicadas por monóxido de carbono, lo que equivale a un aumento del 57 % respecto del promedio observado entre 2020 y 2024, según se desprende del informe del último Boletín Epidemiológico Nacional.

En total, este año fueron notificados 490 casos, pero finalmente fueron confirmados 473 de éstos. Si tenemos en cuenta que la media de notificados entre los años 2020-2024 fueron 301, significa un alza de 172 casos, es decir, un 41% de los casos notificados y un 57% de los confirmados.

Estas cifras de intoxicados en alza marcan un patrón claro: el frío extremo y la falta de mantenimiento de instalaciones de calefacción se combinan en un contexto económico adverso y generan consecuencias letales.

El fenómeno no solo abarca cuadros leves. Cinco muertes por inhalación se confirmaron el lunes último en el barrio porteño de Villa Devoto y la semana anterior hubo casos fatales en Córdoba y Mendoza.

Especialistas en toxicología coinciden en que una de las causas principales del repunte de estos casos es la baja en la demanda de servicios de instalación y revisión de artefactos. Las restricciones presupuestarias llevan a muchas personas a prolongar el uso de equipos antiguos o defectuosos sin chequeos técnicos, mientras que otras improvisan soluciones que multiplican los riesgos.

En muchos hogares tampoco hay detectores de monóxido instalados, lo que impide la identificación precoz de una fuga. La suma de estos factores explica por qué, cada invierno, emergen nuevos casos de intoxicación aguda.

La peligrosidad del monóxido reside en su capacidad para enmascararse. El monóxido de carbono (CO) es un gas extremadamente peligroso, conocido como el ‘asesino invisible’ porque no tiene olor, color ni sabor, y no irrita los ojos ni la nariz. Esto hace que su detección sea muy difícil, lo que aumenta el riesgo de intoxicaciones graves e incluso la muerte. El compuesto se genera cuando hay combustión incompleta de materiales que contienen carbono, como gas, carbón o madera, algo que ocurre con frecuencia en estufas, calefones, cocinas y motores de combustión si no funcionan en condiciones óptimas.

Los ambientes cerrados representan un escenario crítico. Cuando el aire no circula y no hay mecanismos de evacuación adecuados, el monóxido se acumula y desplaza al oxígeno, lo que interfiere en la capacidad de la sangre para transportarlo hacia los órganos. Las zonas más sensibles son el cerebro y el corazón.

El problema se intensifica en invierno porque muchas personas cierran puertas y ventanas para conservar el calor. Sin ventilación cruzada, las emisiones de los artefactos quedan atrapadas en el interior y pueden alcanzar niveles peligrosos en pocas horas. Los síntomas iniciales, además, se confunden fácilmente con otras afecciones.

Cuando los síntomas no se identifican de inmediato y la persona permanece en el ambiente contaminado, las consecuencias pueden escalar de forma rápida. Muchas veces se mimetiza con otras enfermedades por lo que se debe consultar ante la sospecha.

Los síntomas de intoxicación más frecuentes son dolor de cabeza, náuseas, vómitos, debilidad, confusión, visión borrosa, problemas de coordinación en la marcha, falta de aire, palpitaciones y respiración agitada.

Las manifestaciones se van agravando al permanecer en el mismo ambiente. Lo más grave puede ser la pérdida de conocimiento, convulsiones, arritmias cardíacas, coma y muerte. Las mascotas también pueden presentar síntomas, inclusive antes que los seres humanos.

El tratamiento debe ser inmediato. La indicación médica ante la sospecha de intoxicación es clara: abandonar el lugar cerrado, garantizar la ventilación y acudir sin demora al centro de salud más cercano. Allí se administra oxígeno puro, una medida crucial para revertir el daño.

Cómo prevenir

El monóxido de carbono no avisa. Las intoxicaciones por monóxido de carbono son más frecuentes en épocas frías, cuando aumentamos el uso de calefactores y cerramos puertas y ventanas para mantener el calor, impidiendo la entrada de aire fresco y la salida de gases tóxicos. Por eso, la prevención requiere una combinación de decisiones técnicas y hábitos de cuidado dentro del hogar.

El primer paso es garantizar que todos los artefactos de combustión estén instalados por gasistas matriculados. El mantenimiento anual es una de las recomendaciones básicas para asegurar que el funcionamiento sea adecuado. La limpieza de chimeneas, caños de ventilación y rejillas es otra medida indispensable. En cuanto a los ambientes, deben contar con ventilación permanente. Las rejillas no deben taparse nunca, incluso en días de bajas temperaturas.

En espacios donde los artefactos están encendidos durante largos periodos, como cocinas, baños o dormitorios, se recomienda abrir ventanas o mantener puertas entreabiertas para permitir la renovación del aire. En lo posible, se sugiere no dormir con braseros o estufas encendidas y evitar el uso de hornallas para calefaccionar, una práctica riesgosa y frecuente en contextos de emergencia.

Para detectar la presencia de monóxido en el ambiente hay que tener en cuenta estos indicios: coloración amarilla o anaranjada en la llama de hornallas o estufas, manchas de hollín, tiznado o decoloración en los artefactos y conductos de evacuación. Si vemos estos signos se deben revisar y mantener los aparatos de calefacción y cocción, asegurándose de que estén en buen estado y funcionando correctamente. Además, es importante contar con detectores de monóxido de carbono en el hogar, especialmente en áreas donde se utilizan estos aparatos, para poder alertar a tiempo en caso de una acumulación peligrosa. La prevención y el mantenimiento adecuado son clave para garantizar un ambiente seguro y evitar riesgos asociados a este gas inodoro y peligroso.

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