Un estudio poblacional que dirigió y publicó la revista científica Nature el año pasado constató que recibir la inyección disminuía la probabilidad de un diagnóstico de demencia en un 20%
La neuralgia postherpética es una complicación crónica frecuente entre las personas de edad avanzada o inmunodeprimidas diagnosticadas de herpes zóster. La desarrollan más de la mitad de los mayores de 70 años que sufren esta dolencia, que se desencadena cuando el virus de la varicela se reactiva y ataca al sistema nervioso periférico después de estar décadas latente en el organismo tras pasar esta infección durante la infancia.
La vacuna Shingrix, de la farmacéutica GSK, ha sido la apuesta de gobiernos de todo el mundo para hacer frente al herpes zóster. El fármaco fue aprobado por la Agencia Europea del Medicamento (EMA) en marzo de 2018, pero durante años las vacunas han sido caras y escasas, lo que ha llevado a los países a inmunizar estos años solo a algunos grupos de población (mayormente a quienes cumplían 65 años).
Sin ser este el objetivo, la decisión ha acabado por generar un gigantesco campo de experimentación en el que conviven pacientes inmunizados y no inmunizados prácticamente de la misma edad. Esto permite ahora, comparando datos de uno y otro grupo, investigar una teoría emergente: si un prometedor efecto secundario de la vacuna protege frente a la demencia.
Pascal Geldsetzer, investigador en Stanford y epidemiólogo, es una de las personas que está demostrando esta relación. Un estudio poblacional que dirigió y publicó en Nature el año pasado constató que recibir la inyección disminuía la probabilidad de un diagnóstico de demencia en un 20%. Lo hizo con una base de datos de 280.000 personas en Gales. El mes pasado refrendó esa idea de forma exacta —reducción de 20 puntos porcentuales— con otro análisis, esta vez basado en los datos de casi medio millón de canadienses.
El experto asegura que los efectos protectores de la vacuna son “sustancialmente mayores que los de las herramientas farmacológicas existentes”. En cualquier caso, estos fármacos sirven para paliar sus efectos. No previenen su aparición como sí haría la vacuna.
Los estudios de Geldsetzer han demostrado con bastante fuerza una relación entre la vacuna y la prevalencia del alzhéimer, pero son poblacionales y el mecanismo subyacente, la explicación médica, continúa siendo un misterio. “Existen dos mecanismos generales que podrían intervenir en este caso. El primero es que cada vez hay más investigaciones que demuestran que los virus que atacan preferentemente al sistema nervioso y permanecen en él durante gran parte de la vida pueden estar implicados en el desarrollo de la demencia. Y uno de ellos es el de la varicela”.
El segundo es independiente y no excluyente del primero. “Cada vez hay más pruebas que demuestran que las vacunas pueden tener efectos beneficiosos en el sistema inmunitario que van más allá de la respuesta de anticuerpos específica para la que fueron diseñadas”, apunta el epidemiólogo.
Estas teorías tienen base médica, pero no dejan de ser eso. Teorías. No hay una explicación a lo incontestable de estos números. Por eso es complicado recomendar la vacuna, desde las administraciones, para prevenir la demencia. Alberto Ascherio, neurólogo y epidemiólogo en la Universidad de Harvard, se muestra cauto con esta idea. “Creo que sería prematuro cambiar las indicaciones para la vacuna herpes zóster”, dice. “Los beneficios parecen limitados en el tiempo y no sabemos el efecto de la edad sobre la eficacia de la vacuna en reducir el riesgo de alzhéimer”. En opinión de este experto, la evidencia es robusta, pero se necesitan más ensayos, idealmente incluyendo los dos tipos de vacunas [la Shingris y la Zostavax] y estratificados por edad y sexo.
Incluso el mismo Geldsetzer prefiere ser cauto a la hora de ampliar los efectos prescritos de la vacuna. “Tenemos una evidencia convincente que demuestra que la vacuna también puede tener beneficios para la demencia, lo que, por supuesto, es una razón más para recomendar la vacunación. Pero eso lo tendrán que valorar los comités médicos”.
Fuente: El País.





