Los expertos afirman que cuanto más desafiamos a nuestro cerebro a medida que envejecemos, más resistente se vuelve, y “aprender a tocar un nuevo instrumento es un ejercicio completo para el cerebro”.
Después de los 40 años, el cerebro medio disminuye un 5 % de volumen cada década, y la degeneración cerebral alcanza su máxima aceleración alrededor de los 67 años. Pero un método eficaz para ralentizar la neurodegeneración es aprender a tocar un instrumento.
Por mucho que lo intentemos, no podemos combatir la mayoría de los efectos del envejecimiento. La vista se deteriora, las arrugas se acentúan y el dolor en las articulaciones se vuelve casi inevitable. ¿Pero el deterioro cognitivo? Eso podría ser más flexible de lo que pensamos.
Aunque las investigaciones muestran que el cerebro pierde alrededor del 5 % de su volumen por década después de los 40 años, los hallazgos científicos sugieren que adquirir una nueva habilidad, como aprender a tocar un instrumento musical, puede ayudar a preservar la función cerebral hasta bien entrada la vejez.
Ese es el mensaje que destaca el actor australiano Chris Hemsworth, de 41 años, quien se inició en la batería por primera vez. Al hacerlo, no solo se está preparando para tocar ante 60 000 fans entusiastas en un concierto de Ed Sheeran, sino que también está demostrando cómo aprender a tocar un instrumento en una etapa avanzada de la vida puede contribuir a la salud de su propio cerebro envejecido.
Esto no es un superpoder exclusivo de Hemsworth. Cada vez son más los estudios que sugieren que las actividades que suponen un reto para la mente pueden ser herramientas poderosas para combatir el deterioro cognitivo relacionado con la edad.
Por qué nuestro cerebro se encoge con la edad
La pérdida gradual de tejido cerebral, conocida como atrofia cerebral, puede comenzar a partir de los 30 años, “pero no le ocurre a todo el mundo al mismo ritmo”, explica Daniel Gustavson, psicólogo cognitivo de la Universidad de Colorado Boulder.
Cuando se produce, la atrofia suele afectar a áreas clave como la corteza prefrontal, responsable de la resolución de problemas y la adaptabilidad, y el hipocampo, que controla la memoria y la orientación espacial.
La reducción del tamaño del cerebro se debe en gran medida a la pérdida de neuronas y de unas uniones especializadas del cerebro llamadas sinapsis, así como a una disminución de la plasticidad, es decir, la capacidad del cerebro para adaptarse y reorganizarse.
Otro factor que contribuye a ello es la disminución, relacionada con la edad, de la producción y la eficacia de neurotransmisores como la dopamina, la serotonina y la acetilcolina, un mensajero químico fundamental para la memoria y el movimiento muscular. A medida que estos neurotransmisores disminuyen, también lo hace la agudeza mental.
Su deterioro puede provocar diversos síntomas, cuya gravedad suele depender de la genética y el estilo de vida, explica Golnaz Yadollahikhales, neuróloga del Centro Médico Cedars-Sinai de Los Ángeles.
Preparando el cerebro para el futuro
Los científicos coinciden en que el antídoto contra el deterioro cognitivo relacionado con la edad es la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para reconfigurarse a lo largo de toda la vida en respuesta a nuevas experiencias. Cuando aprendemos algo nuevo, estamos creando literalmente nuevas neuronas y vías.
Esta adaptabilidad sustenta lo que los investigadores denominan reserva cognitiva: la capacidad del cerebro para compensar los daños o cambios relacionados con la edad. Yadollahikhales lo describe como un “andamiaje mental” que ayuda a mantener el funcionamiento incluso si una parte del cerebro comienza a fallar.
Una forma eficaz de desarrollar la reserva cognitiva es aprender nuevas habilidades que exijan un esfuerzo cognitivo, como practicar un nuevo deporte, pintar, cocinar, escribir, programar, bailar o aprender un nuevo idioma.
Aprender a tocar un instrumento musical puede ser la clave
Tocar un instrumento musical, por ejemplo, implica la coordinación bimanual y activa múltiples estructuras cerebrales simultáneamente, lo que fortalece el cuerpo calloso. Algunas de estas estructuras cerebrales son las responsables de la audición, la lectura musical y la coordinación de los movimientos de las manos y los dedos.
“Aprender a tocar un nuevo instrumento es un ejercicio completo para el cerebro”, subraya Gustavson. “Y eso lo convierte en una herramienta potente para desarrollar la reserva cognitiva”.
Numerosas investigaciones respaldan esta afirmación. Un estudio publicado en 2022 en la revista Frontiers in Aging Neuroscience reveló que las personas mayores que recibieron clases de piano durante seis meses mostraron una mejora en la conectividad estructural de las regiones del cerebro asociadas con la memoria y el lenguaje.
Otros estudios muestran que aprender a tocar un instrumento en la edad madura también puede mejorar la memoria, la función ejecutiva e incluso el volumen cerebral. En un ensayo, personas mayores sin experiencia musical previa mejoraron su memoria verbal tras solo tres meses de aprendizaje con la armónica de teclado, un pequeño teclado portátil que se toca con la respiración.
El piano, la guitarra y la batería se recomiendan con frecuencia por su exigencia de coordinación bilateral, pero Gustavson destaca que la mayoría de los instrumentos pueden ser eficaces, siempre y cuando requieran un esfuerzo sostenido. “Sigue tu corazón, porque el mejor instrumento es aquel con el que te mantendrás constante”, comenta.
Es fácil desesperarse por el deterioro del cerebro relacionado con la edad, pero todas las investigaciones sobre la neuroplasticidad nos dan motivos para tener esperanza. Si nuestro cerebro sigue siendo moldeable a lo largo de toda la vida, podemos dar forma a su trayectoria y mejorar tanto nuestras experiencias cotidianas como nuestro futuro.







