El cáncer de corazón es una enfermedad muy poco frecuente. Según la Mayo Clinic de Estados Unidos, se da un caso por año y las estadísticas sostienen que afecta a 2 de cada 100.000 personas en el mundo. Y el motivo podría estar en el movimiento mecánico permanente de este órgano vital.

Un nuevo estudio de la Universidad de Trieste (Italia) revela que el latido constante del corazón podría suprimir activamente el crecimiento tumoral en los tejidos cardíacos. Esto se debe a que las vías celulares en estos tejidos alteran la regulación genética de las células cancerosas para impedir su proliferación. Los hallazgos, publicados en ‘Science’ arrojan luz sobre el papel de las fuerzas mecánicas en la protección del corazón contra el cáncer y podrían allanar el camino hacia nuevas terapias oncológicas basadas en la estimulación mecánica.

El cáncer de corazón es muy raro en los mamíferos. Además, el corazón humano adulto tiene una capacidad limitada de autorrenovación, con una regeneración de cardiomiocitos de aproximadamente el 1% anual. Una posible explicación para estas características reside en las intensas exigencias mecánicas a las que se someten los tejidos cardíacos, que deben bombear sangre continuamente contra una resistencia considerable.

Esta tensión persistente parece suprimir la capacidad de las células cardíacas para proliferar. Según los investigadores, estas presiones también podrían inhibir la proliferación de células cancerosas en el corazón. Sin embargo, los mecanismos subyacentes a esta resistencia aún no están claros.

Utilizando un modelo de ratón genéticamente modificado, descubrieron que el corazón es notablemente resistente a las mutaciones cancerígenas, incluso cuando se introducen potentes cambios oncogénicos. Para comprender el porqué, los autores desarrollaron un modelo de trasplante en el que se podía reducir la carga mecánica del corazón.

Al injertar un corazón de donante en el cuello de un ratón compatible, crearon un órgano «descargado mecánicamente», que permanecía perfundido con sangre, pero sin tensión fisiológica. Tras inyectar células cancerosas humanas directamente en el músculo cardíaco, compararon el comportamiento tumoral en el corazón trasplantado descargado con el del corazón nativo del animal, mecánicamente activo.

En sus experimentos, los investigadores observaron que la carga mecánica suprimía sistemáticamente el crecimiento de diversos tipos de cáncer, mientras que la descarga del corazón promovía la proliferación de células tumorales en el tejido cardíaco. Según los hallazgos, las fuerzas mecánicas dentro del tejido modifican el panorama regulador del genoma de las células cancerosas, influyendo en su capacidad de proliferación.

Fundamental para este proceso es la Nesprin-2, una proteína que transmite señales mecánicas desde la superficie celular al núcleo. La nesprin-2, un componente del complejo LINC, detecta el microambiente mecánico del corazón y altera funcionalmente la estructura de la cromatina y la metilación de las histonas, reduciendo la actividad génica vinculada a la proliferación de células tumorales. Cuando se silenció la nesprin-2 en células cancerosas, estas recuperaron la capacidad de crecer en el entorno mecánicamente activo del corazón, formando tumores.

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