Un nuevo estudio encuentra un aumento “alarmante” de la presión arterial alta en niños y jóvenes menores de 19 años, impulsado en gran medida por la obesidad infantil y el sedentarismo.
adolescentes casi se ha duplicado en todo el mundo en las últimas dos décadas.
En el año 2000, alrededor del 3% de los niños en el mundo padecían hipertensión. Para el año 2020, esa cifra había aumentado a más del 6% , afectando a unos 114 millones de jóvenes menores de 19 años .
Según el Ministerio de Salud de Argentina, la hipertensión arterial afecta a un estimado de entre el 3% y el 5% de los niños y adolescentes, una prevalencia que aumenta con la obesidad y el sedentarismo. La detección temprana es crucial, ya que esta condición asintomática puede predecir hipertensión en la edad adulta y se puede comenzar a controlar la presión arterial a partir de los 3 años en los controles pediátricos de rutina.

¿Cuál es el principal factor de esta patología, según los investigadores? La obesidad infantil, sumada a la falta de actividad física. Casi 1 de cada 5 niños con obesidad padece hipertensión, una cifra 8 veces mayor que la de los niños con un peso saludable.
Los investigadores también descubrieron que el 9 % de los niños tienen hipertensión enmascarada, lo que significa que su presión arterial parece normal en el consultorio del médico, pero se dispara fuera de él. Y otro 8% tiene prehipertensión, niveles más altos de lo normal que pueden derivar en hipertensión completa más adelante.
Los hallazgos provienen de un análisis de 96 estudios de gran envergadura que involucraron a más de 443.000 niños en 21 países.
Según uno de los autores del estudio, “Este aumento de casi el doble debería hacer saltar las alarmas entre los profesionales sanitarios y los cuidadores”. Pero, según afirma, la buena noticia es que la mejora de los esfuerzos de detección y prevención puede cambiar esta situación.
Los autores afirman que abordar la hipertensión infantil ahora —mediante un peso saludable, actividad física y un control precoz— podría ayudar a prevenir problemas cardíacos y renales en la edad adulta.



