La mayoría de las personas no se dará cuenta de que convive con la bacteria, porque nunca desarrolla una enfermedad. Pero en quienes sí desarrollan síntomas, la infección puede ocasionar úlceras gastroduodenales (pépticas) frecuentes, gastritis crónica y hasta cáncer de estómago.

El Helicobacter pylori es una bacteria en forma de espiral que crece en la mucosa del estómago y es capaz de neutralizar la acidez del entorno estomacal, por lo que puede sobrevivir en esta zona del organismo. Se estima que este patógeno habita en una de cada dos personas en Argentina. La mayoría de ellas no se dará cuenta de que convive con la bacteria, porque nunca desarrolla una enfermedad.

Pero en quienes sí desarrollan síntomas, la infección puede ocasionar úlceras estomacales y gastroduodenales (pépticas) frecuentes, gastritis crónica y hasta cáncer de estómago, por lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) la clasifica como carcinógeno tipo I y la cataloga como un microorganismo de prioridad alta que amenaza la salud humana.

Consultada sobre esta patología, la médica gastroenteróloga del Hospital Privado Imac Central, doctora Silvia Azcona explicó que la bacteria se observó por primera vez hace más de 100 años y se la asoció con la gastritis recién en la década del 70.

“Este microorganismo puede causar una enfermedad silente como la gastritis crónica, las úlceras pépticas, ya sea gástricas o duodenales, el adenocarcinoma gástrico o el linfoma gástrico”, puntualizó la profesional.

Se estima que el 50% de la población mundial -índice que también se replica en nuestro país- está afectada por el Helicobacter pylori. Las infecciones se adquieren en edad temprana y es más común en países subdesarrollados. “Una vez que se adquirió la enfermedad, puede persistir en el estómago y puede o no provocar una enfermedad gastroduodenal”, afirmó la Dra. Azcona.

Cabe señalar que el riesgo de contraer la enfermedad por Helicobacter pylori está relacionado directamente con el estado socioeconómico y las condiciones de vida durante las primeras etapas de la persona. Este patógeno es más prevalente en poblaciones con condiciones deficientes de higiene y acceso a agua potable. En cuanto a lo genético, las personas de origen asiático o afroamericano son más propensos a desarrollar la enfermedad que los de raza blanca.

Las formas de detectar y diagnosticar la bacteria en el organismo son: a partir del test de ureasa, este análisis consiste en tomar una muestra de aire espirado después de ingerir urea marcada con carbono 13. La enzima ureasa de la bacteria produce amoníaco y dióxido de carbono, que se difunde por la sangre hasta los pulmones. Otro método es la endoscopía con toma de biopsia.

Aunque muchas personas con esta infección no presentan síntomas, aquellos que los desarrollan pueden experimentar: dolor o molestia en la parte superior del abdomen; hinchazón, náuseas, pérdida de apetito o eructos frecuentes.

Esta bacteria es combatida mediante el tratamiento con antibióticos, previo uso de un inhibidor de bomba de protones. Sin embargo, la creciente resistencia antibacteriana ha dificultado enormemente este desafío sanitario.

Estudios recientes

En Argentina, el doctor Oscar Laudanno, jefe del Departamento de Gastroenterología del Instituto de Investigaciones Médicas Alfredo Lanari de la Universidad de Buenos Aires (UBA) lidera desde hace tres años el Registro Argentino del Manejo de la Infección por Helicobacter pylori (Hp-Arg-Reg), que ya cuenta con datos iniciales de casi 1.000 pacientes de seis provincias.

“En Argentina, se estima que el 50% de la población está infectada con esta bacteria, según dos estudios epidemiológicos locales. Por eso, se subraya la importancia de reducir la presencia de esta bacteria, ya que disminuye la incidencia de úlceras y cáncer de estómago”.

“El tratamiento tradicional de Helicobacter pylori es con antibióticos y ha enfrentado dificultades debido a la resistencia que la bacteria ha desarrollado por el mal uso generalizado de estos medicamentos. Llegamos a un punto en el que vemos que es difícil de tratar. La úlcera trae dolores y sangrados”, afirmó el médico, resaltando que la resistencia bacteriana es un problema global reconocido por la OMS.

Laudanno afirmó que los registros locales para el tratamiento de H. pylori podrían contribuir a controlar la propagación de la resistencia a los antibióticos, especialmente en países con datos de susceptibilidad limitados y recursos escasos.

“Se necesita información actualizada sobre los datos locales para diseñar la mejor estrategia de tratamiento para alcanzar altas tasas de erradicación de la bacteria e introducir los principios de la administración antimicrobiana para reducir el uso inapropiado de antibióticos”, sostuvo el especialista.

“El registro proporciona una visión valiosa sobre la eficacia de los tratamientos contra H. pylori en Argentina, lo que permite a los médicos tomar decisiones más informadas y mejorar los resultados para los pacientes”, precisó Laudanno, que presentó estos hallazgos en el último Congreso Argentino de Gastroenterología, destacando el trabajo colaborativo de aproximadamente 14 centros en varias provincias de Argentina.

El estudio revela una predominancia significativa de mujeres, representando el 66% de los participantes, en comparación con el 34% de hombres. La mayoría de los participantes presentaron dispepsia como la indicación principal para la erradicación, constituyendo el 77.9% de la muestra. Le siguen la úlcera péptica (12.4%), la gastritis atrófica y la metaplasia intestinal (4.1%), los antecedentes familiares de cáncer gástrico (3.5%) y la anemia ferropénica (2.3%).

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