Aunque de niños se nos desalentó hablar con extraños, en la adultez, este intercambio puede enriquecer la vida. Un estudio de la Escuela de Negocios de Harvard, las personas que interactúan con más niveles de relación diferentes —desde amigos, familiares, parejas, colegas y desconocidos— a lo largo del día son más felices que aquellas con una mezcla menos amplia de interacciones.
Podría decirse que todo lo que sabemos sobre el poder de hablar con un desconocido empezó con la señora de los panchos. La doctora Gillian Sandstrom era una joven de doctorado que estudiaba en Canadá, cuando visitaba regularmente un puesto de panchos del campus universitario. Con el tiempo, ella y la mujer que trabajaba en el puesto de comida establecieron una conexión.
“Empecé a saludar con la cabeza y a sonreír a la señora y, cuando ella respondió, incluso esa pequeña conexión me hizo sentir vista, segura y parte de la comunidad del campus en un momento en el que estaba bastante estresada”, dice Sandstrom, ahora profesora de Psicología y directora del Centro Sussex de Investigación sobre la Amabilidad de la Universidad de Sussex, en el Reino Unido.
El impacto positivo de su propia experiencia la llevó a estudiar el efecto de interacciones sociales sencillas, como una charla rápida con el mozo que le trae el café. Descubrió que las personas eran aproximadamente un 17 por ciento más felices los días en que entablaban una charla o saludaban a un vecino en el pasillo.
“Mi trabajo y el de otros demuestran que hablar con extraños te pone de mejor humor”, afirma. “También te hace confiar en otras personas, lo que, creo, hace que el mundo parezca un poco más amistoso y seguro”.
Por qué nos hace bien hablar con extraños
La razón es sencilla. La gente necesita a la gente. Necesitamos sentirnos conectados, aunque solo sea durante unos segundos —y cuanta más gente lo haga con nosotros, mejor. De hecho, según un estudio de la Escuela de Negocios de Harvard, las personas que interactúan con más niveles de relación diferentes —desde amigos, familiares, parejas, colegas y desconocidos— a lo largo del día son más felices que aquellas con una mezcla menos amplia de interacciones.
Y, aunque puede que no asocie ningún resorte extra en su paso a la charla que ha mantenido con su mozo esta mañana, otros beneficios de interactuar con extraños son más tangibles. Sondeando historias para este artículo oímos hablar de ofertas de trabajo, ahorros en hoteles y nuevas amistades que procedían todas de interacciones con extraños.
“Para mí, el gran beneficio es que me hace tener una mentalidad más abierta”, dice Alex Kingsmill, consejero de Melbourne, Australia, e instigador habitual de charlas aleatorias. “La gente ha expresado sus opiniones sobre extraterrestres, política, la vida después de la muerte y la crianza de los hijos: hablan de todo. Y aunque no siempre estoy de acuerdo, el mero hecho de escuchar esas opiniones me mantiene abierto a la posibilidad de que mis propias creencias no sean las únicas”.
El miedo a hablar con extraños
El problema es que a muchos de nosotros la idea de entablar una conversación con desconocidos nos resulta delicada, incluso puede que nos dé un poco de miedo. “Los seres humanos tenemos un miedo primario al rechazo y por eso, aunque lógicamente sabes que no podría pasar nada demasiado malo por entablar una conversación con un desconocido, una parte de ti tiene miedo de salir lastimada al hacerlo”, dice la psicóloga Lana Hall.
“Además, el consejo de ‘no hables con extraños’ que te dan en la infancia casi te hace sentir que estás haciendo algo malo por charlar con alguien que no conoces, pero no dejes que los mensajes del pasado te frenen”.
La buena noticia es que los rechazos que más tememos rara vez se producen. En su trabajo, Sandstrom descubrió que solo el diez por ciento de los acercamientos no eran correspondidos, y cuando los científicos de la Universidad de Chicago pidieron a la gente que iniciara conversaciones al azar en su trayecto matutino al trabajo, descubrieron que la conversación media duraba unos largos 14,2 minutos. Y lo que es aún mejor, cuando el equipo comprobó que el interlocutor había disfrutado de la charla improvisada tanto como el instigador.
¿Con qué extraños puedo hablar?
No es de extrañar que Sandstrom descubriera que el 41 por ciento de las personas que realizaban uno de sus experimentos acababan intercambiando datos de contacto con al menos una de las personas con las que habían hablado.
También descubrió que, cuanto más a menudo se acerca uno a la gente, más fácil le resulta. “La repetición fue la clave del éxito”, afirma Sandstrom. “Cuantas más personas hablaban con desconocidos, menos preocupadas se sentían por ser rechazadas y más confianza adquirían en su capacidad para mantener una conversación”.
Y este cambio de actitud tampoco llevó mucho tiempo: bastó con una semana iniciando charlas con la gente. En cuanto a dónde encontrar gente con la que hablar, se calcula que nos encontramos con entre 11 y 16 conocidos casuales al día con los que podríamos hablar si quisiéramos, o se pueden buscar encuentros.
Como parte de su investigación, Sandstrom organiza una “Caza del Extraño”: da a los voluntarios una lista de diferentes características —como alguien que lleva sombrero, bebe café o lleva una bolsa azul— y les pide que charlen con al menos una persona de la lista cada día durante una semana.
Una preocupación a la hora de establecer ese primer contacto es saber qué decir, pero incluso una charla rápida sobre el tiempo con su conductor de taxi es suficiente para levantar el ánimo. “A mucha gente le preocupa que charlar sobre el tiempo sea obvio, pero es casi un código para decir: ‘¿estás abierto a charlar?’, entonces, una vez que se ha establecido una conexión, se pueden empezar a hacer preguntas más abiertas y conocerse un poco más”, dice la psicóloga Lana Hall.
Por último, es útil conocer las señales que indican que alguien podría estar dispuesto a charlar: por ejemplo, si lo mira a los ojos o le devuelve una sonrisa. Y, si alguien responde con información adicional si le hace una pregunta, está de suerte.







