Prima de la dieta mediterránea y propia de climas más fríos, aporta los mismos beneficios para la salud gracias a su combinación de alimentos ricos en antiinflamatorios y antioxidantes.

Cuando pensamos en zonas geográficas conocidas por sus dietas saludables, probablemente nos vienen a la mente los países mediterráneos. Sin embargo, la dieta nórdica es otra firme candidata al título de mejor dieta del planeta, ya que los patrones alimenticios tradicionales de los habitantes de Dinamarca, Islandia, Finlandia, Noruega y Suecia ofrecen muchos de los mismos beneficios para la salud.

“Básicamente, es la prima de la dieta mediterránea en climas más fríos”, asegura Dawn Jackson Blatner, nutricionista dietista registrada en Chicago y autora de The Superfood Swap. “Es muy similar, pero incluye más alimentos que crecen en climas fríos”.

Creada por un grupo de nutricionistas, científicos y chefs en 2004, la “nueva dieta nórdica” se basa en alimentos locales y de temporada, con un fuerte énfasis en la salud, el sabor y la sostenibilidad.

“La dieta nórdica no es una revelación sobre la alimentación saludable, tiene mucho en común con otros planes de dieta que promueven la salud”, dice David L. Katz, especialista en medicina preventiva, expresidente del Colegio Americano de Medicina del Estilo de Vida y coautor de How to Eat. “Todas las buenas dietas se componen de alimentos reales, en su mayoría vegetales. La dieta nórdica es una variación del mismo tema. Sus beneficios para la salud se traducen en vitalidad y longevidad generales”.

De hecho, en un número de octubre de 2025 de la revista European Journal of Nutrition, los investigadores analizaron 47 estudios sobre los resultados de salud asociados con la adherencia a la dieta nórdica. Las personas que se adherían estrictamente al estilo de alimentación nórdico tenían un 22 % menos de riesgo de morir prematuramente por cualquier causa, un 16 % menos de riesgo de morir por enfermedades cardiovasculares y un 14 % menos de riesgo de morir por cáncer, en comparación con aquellas con una menor adherencia.

Lo que hace que este tipo de alimentación sea tan beneficioso para la salud es la combinación de alimentos ricos en antiinflamatorios y antioxidantes, junto con su alto contenido en fibra y aceites saludables. “Es una dieta de alta calidad que funciona a la perfección”, afirma Katz.

¿En qué consiste la dieta nórdica?

La dieta nórdica es un enfoque alimenticio basado principalmente en plantas, que hace hincapié en las frutas (especialmente las bayas como los arándanos, las frambuesas y los arándanos rojos, así como las manzanas y las peras), los tubérculos (como la remolacha, la papa, el nabo, la chirivía y la zanahoria) y las verduras crucíferas (como la coliflor y el repollo).

También incluye cereales integrales (como el centeno, la cebada y la avena), pescados grasos (como el salmón, el arenque, las sardinas y la caballa), legumbres (como lentejas, frijoles y guisantes) y frutos secos y semillas.

Estos alimentos suelen cocinarse con condimentos como perejil, eneldo, mostaza, rábano picante, vinagre y/o cebollino, además de aceites saludables para el corazón, como el aceite de canola (también conocido como aceite de colza).

La dieta nórdica también incluye productos lácteos bajos en grasa, como el skyr, un yogur islandés rico en proteínas, y el kéfir, una bebida láctea fermentada.

Por el contrario, los huevos y las carnes magras, como el bisonte, el venado y el reno, se consumen con moderación, y se desaconseja el consumo de alimentos azucarados y altamente procesados, aunque no se excluyen. Al igual que la dieta mediterránea, la dieta nórdica no prohíbe determinados alimentos. Se trata más bien de un estilo de alimentación flexible que de una dieta estructurada.

Beneficios para la salud de la dieta nórdica

La dieta nórdica no está tan estudiada como la mediterránea, pero cada vez hay más pruebas científicas que respaldan sus beneficios. De hecho, las investigaciones han demostrado que seguir estrictamente la dieta nórdica se asocia con una reducción del riesgo de enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares y diabetes tipo 2, así como con una disminución del colesterol LDL, la apolipoproteína B y la presión arterial sistólica.

Por ejemplo, un estudio de 2017 publicado en la revista European Journal of Clinical Nutrition descubrió que las personas de mediana edad en Dinamarca que seguían estrictamente la dieta nórdica tenían un riesgo significativamente menor de sufrir un ataque cardíaco durante un periodo de seguimiento de 13.5 años.

Posteriormente, un estudio publicado en 2024 en Scientific Reports descubrió que las personas que seguían más estrictamente la dieta nórdica tenían un 58 % menos de riesgo de desarrollar enfermedad del hígado graso no alcohólico, en comparación con aquellas que la seguían menos. Y un estudio publicado en 2025 en Frontiers in Endocrinology descubrió que las personas que seguían estrictamente la dieta nórdica tenían un 58 % menos de riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.

Además, esta dieta también aporta beneficios para la vida cotidiana. Un estudio realizado en 2022 reveló que seguir una dieta nórdica mejoraba la calidad del sueño, mientras que otro estudio descubrió que las mujeres mayores que seguían una dieta nórdica obtenían mejores resultados en las pruebas de rendimiento físico, como la prueba de los seis minutos de marcha, las flexiones de brazos y levantarse de una silla. Estos hallazgos llevaron a los investigadores a concluir que este estilo de alimentación podría ayudar a reducir el riesgo de discapacidad en la vejez.

Aunque no está pensada para adelgazar, puede tener ese efecto. Una revisión de siete estudios sobre el tema descubrió que las personas que seguían la dieta nórdica experimentaban mejoras en su peso corporal.

Una ventaja adicional: al igual que otras dietas basadas en plantas, la dieta nórdica puede ser especialmente saludable para el planeta. “Lo bueno de la dieta nórdica es que destaca la salud medioambiental con alimentos de origen local y de temporada”, detalla Laura Chiavaroli, profesora adjunta del departamento de ciencias nutricionales de la Universidad de Toronto. Los alimentos de origen local requieren menos transporte y, por lo tanto, producen menos emisiones de gases de efecto invernadero. Además, “las legumbres y las verduras tienen una menor huella ambiental”, añade.

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