Según un estudio, más del 84 % de las películas infantiles representan estereotipos negativos asociados a personajes con sobrepeso u obesidad.

Las consumidoras del universo Disney son niñas pequeñas, así que la nueva moda viral de “la dieta de las princesas” emplea sus cuerpos para inspirar una dieta que las acerque a ser princesas, a ser halagadas por su belleza y, de manera indirecta —o muy directa—, decirles que la delgadez las hace ser protagonistas, amadas y dignas de éxito. Por otro lado, las villanas de Disney son gordas, como Úrsula o la Reina de Corazones, y con características en su forma de ser no tan deseables: son autoritarias, caprichosas. Las villanas suelen ser de más peso y representan las conductas moralmente negativas.

La influencia de los contenidos audiovisuales en la infancia fue tema de investigación. El estudio “Comportamiento obesógeno y estigma relacionado con el peso en películas infantiles populares, 2012 a 2015” examinó 31 éxitos taquilleros aptos para todo público. El análisis reveló que en el 84% de los filmes hay insultos o burlas vinculadas al peso o el tamaño corporal.

Además, la presencia de alimentos poco saludables es notoria en el 87% de las películas y en más del 60% aparecen bebidas azucaradas y porciones exageradas. Según el informe, estos mensajes dominan la pantalla, repitiéndose en cada segmento y reforzando tanto hábitos alimentarios poco saludables como la discriminación basada en el cuerpo.

Estos patrones no solo quieren disciplinar el cuerpo, sino que siguen reforzando los estereotipos y el estigma asociados al peso. Lo hacen para no perder tiempo: desde la primera infancia, un buen adoctrinamiento vestido de magia y fantasía, como un cuento, pero basado en hechos reales.

Son dietas que tienen como protagonistas a las princesas de Disney, y no suponen una ingesta superior a las 600 kcal; una cantidad ridícula de calorías en niñas que están en pleno crecimiento. Pero no se busca su desarrollo y su salud: se busca la delgadez. Así que plantear que se alimenten a base de 600 kcal se puede ver hasta generoso por su parte.

Esta dieta promete perder diez kilos en dos semanas y ha encontrado en la plataforma TikTok un medio para difundirse a la velocidad de la luz. En este medio se promueven estrategias de pérdida de peso y foros como los antiguos Pro-Ana y Pro-Mia: comunidades, trucos y estrategias peligrosas, propias de anorexia y bulimia.

Los efectos que causa este tipo de dieta en niñas son muy amplios y graves. Por la baja ingesta calórica, provocan fatiga, mareos, irritabilidad, pérdida de masa muscular, caída del pelo, problemas digestivos y retraso en el desarrollo puberal.

En adolescentes, además de todo lo citado, puede provocar la falta del período si la restricción es prolongada, causando amenorrea y problemas hormonales derivados de la baja ingesta calórica y del estrés al que se somete al cuerpo. Esto, a su vez, afecta al crecimiento óseo, dañando los huesos y alterando el sistema inmune.

En ambos casos, tanto en niñas como en adolescentes, puede detonar o reforzar conductas complicadas con la comida, el deporte y su imagen corporal. Son claramente un riesgo para el desarrollo de los trastornos de la conducta alimentaria.

Suponen una presión en las niñas y adolescentes sobre su apariencia física. Refuerzan todos los mandatos de la presión estética, y las niñas aprenden a ser validadas en función del tamaño de su cuerpo. Olvidan que su cuerpo es su casa, donde viven, y lo aprenden a poner en el escaparate de los mandatos de la belleza y los estereotipos.

Parece una broma, pero no lo es. Este tipo de ideas —a veces disfrazadas de juego o fantasía— forman parte de los discursos que van calando desde la infancia. Se transmiten valores como la restricción, el control, la culpa por comer. Y se normalizan conductas que, en muchos casos, son las mismas que encontramos en los trastornos de la conducta alimentaria.

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