El sociólogo Carl Cederström argumenta que cuando la salud y la felicidad se convierten en imperativos morales, el resultado no suele ser la liberación, sino la culpa y la ansiedad.
El sociólogo sueco Carl Cederström, autor del ensayo “El síndrome del bienestar”, reflexiona sobre cómo la búsqueda de la salud y la felicidad se ha transformado en un imperativo moral y en una herramienta corporativa orientada a incrementar la productividad en lugar del bienestar real.
En una reciente entrevista concedida a EL PAÍS, el especialista explica que el concepto de wellness surgió en la década de 1970 vinculado a la autoayuda y a la búsqueda de autenticidad, pero con el tiempo derivó hacia una noción de «supersalud» optimizable de manera indefinida. Este fenómeno se consolidó en los años 92 con su integración en las dinámicas de las empresas, donde prácticas como el mindfulness perdieron su sentido místico o contracultural original para convertirse en estrategias de Recursos Humanos destinadas a lograr empleados más eficientes.
El autor destaca cómo la monitorización constante de métricas —como contar calorías, pasos u hormonas— genera una «hoja de cálculo del bienestar» que ofrece un espejismo de control e interacción clara entre causa y efecto en un entorno social volátil. Esta obsesión por la mejora individual puede derivar en un «nihilismo pasivo», un refugio en el propio cuerpo que aísla a las personas del contexto social y desvía la atención de los problemas estructurales y la acción política.
Este debate se refleja claramente en posturas frente a tratamientos modernos como los fármacos para perder peso (Ozempic), los cuales quedan atrapados entre la visión corporativa de optimización cuantitativa y una corriente del wellness basada en la «autenticidad», que exige esfuerzo y sufrimiento para validar los resultados.
Finalmente, Cederström advierte sobre la trampa de concebir la felicidad como un estado permanente de dicha, señalando que esta exigencia constante produce frustración, culpa y ansiedad. La presión por superar rápidamente emociones complejas o procesos de duelo para reincorporarse al trabajo demuestra que el ideal actual de bienestar está supeditado al rendimiento laboral.
Tomando como referencia la vivencia apasionada e intensa de figuras de la cultura como Jean-Paul Sartre o Zadie Smith, el sociólogo concluye que la verdadera plenitud surge del compromiso con proyectos colectivos, la cultura o causas significativas, elementos que trascienden el mero cálculo individual del bienestar moderno.



