La Dermatitis Atópica es una enfermedad inflamatoria de la piel que constituye la afección cutánea más común en la infancia. Esta condición afecta entre el 10% y el 20% de los niños y hasta un 2% de los adultos.
El origen de la dermatitis atópica es principalmente genético, vinculado a mutaciones en genes que comprometen la función de la barrera cutánea. Se trata de un trastorno crónico y caracterizado por la aparición y desaparición de lesiones y picazón a lo largo de la vida, que puede persistir hasta la adultez.
Según la Sociedad Argentina de Dermatología, estos eccemas afectan mayormente a menores de cinco años, aunque puede manifestarse en cualquier etapa de la vida. Los síntomas varían según la edad y la fase de la enfermedad. Las erupciones, se presentan como manchas rojas o rosadas con vesículas que se secan y forman costras, acompañadas de un prurito intenso que suele agravarse por la noche o ante factores como el estrés, la sudoración y el contacto con tejidos sintéticos o lana.
La especialista en dermatología pediátrica, Dra Leslie Iporre (MP 6174) explica que “la dermatitis atópica principalmente afecta la calidad de vida. Un niño o un adolescente que está brotado comienza a dejar de hacer cosas cotidianas o grupales, como por ejemplo, ir a la pileta o realizar actividad física”.
Hay factores agravantes para la aparición de la enfermedad, como puede ser la transpiración y esa situación que se presenta justamente en una actividad recreativa, genera picazón que al rascarse provoca un eccema, esas lesiones rojas, que pueden llegar a lastimarse.
Esta patología se da en pacientes que están predispuestos genéticamente a tener una piel atópica, es decir, una piel muy seca, que pica mucho y que en lugares como los pliegues, como el cuello, los brazos o las piernas, forman los eccemas que pican aún más.
“Podríamos pensar que la peor época para la dermatitis atópica es el verano, porque estamos más expuestos al sol y al calor, que general transpiración, pero el invierno tampoco favorece por el sobre abrigo y por el uso de ropas sintéticas o de lana; esto es algo común que vemos en nuestro consultorio”, afirma la especialista.
Al respecto, sostiene que “Muchas veces la dermatitis atópica es subdiagnosticada, es decir, las mamás no le dan mucha importancia cuando recién comienza a aparecer la picazón o las ronchas; y es necesario el diagnóstico precoz porque se trata de una enfermedad crónica y evoluciona en brotes, esto quiere decir que habrá momentos en los que va estar mal y momentos en los que va estar bien”.
El impacto no se limita a lo que se ve en la piel. El rascado compulsivo provocado por la picazón genera irritación y nuevas lesiones, lo que multiplica el malestar físico y emocional. La vida social también se altera: quienes la padecen a menudo pueden enfrentar estigmatización, miradas incómodas o comentarios desafortunados.
La Dra. Iporre afirma que “La bibliografía dice que la dermatitis atópica es una patología de la infancia que mejora en la edad adulta, en casi un 90 por ciento de los casos, si yo tomo las medidas de precaución y prevención y cuidado de la piel.
Los factores que desencadenan la dermatitis atópica principalmente son ambientales, pero también hay casos emocionales, como el estrés que pueden provocar esta reacción en la piel.
Es muy importante, además el uso de jabones adecuados. “Los más perfumados o que tienen mucho color son los mas perjudiciales la piel atópica, por sus niveles de alcalinidad; debemos usar jabones que tengan el ph ácido que es el más parecido a nuestra piel, conocidos como syndet, que son de venta libre”, explica.




