En Argentina, se estima que aproximadamente 1 de cada 8 personas padece alguna forma de enfermedad renal crónica, y muchas de las cuales desconocen su condición. Cerca de 30.000 pacientes se encuentran en diálisis y unos 7.000 nuevos pacientes se suman al sistema anualmente.
Estas cifras nos deben alertar respecto de la necesidad de cuidar nuestros riñones, fundamentales para el normal funcionamiento de todo nuestro cuerpo por su función de filtrar la sangre, eliminar desechos, regular la presión arterial y sostener los niveles de minerales y sales de nuestro organismo.
Las enfermedades renales crónicas afectan a millones de personas en todo el mundo y a menudo son el resultado de hábitos diarios. Un estudio reciente publicado en la revista Kidney International destaca la importancia de la prevención, basándose en la comprensión de los factores de riesgo modificables.
Consultamos al Dr Alejandro Moya, especialista en Nefrología (MP 3612) sostiene que “los primeros síntomas de una enfermedad renal son difíciles de detectar porque no hay una sintomatología clínica que nos diga que está comenzando a dañarse nuestros riñones; lo que si nos ayuda son las pesquisas de laboratorio: un simple análisis de orina nos puede dar pistas de que estamos ante la presencia de una lesión renal”.
El riñón tiene muchas funciones, no solo producir orina, sino que tiene funciones hormonales, de purificación de la sangre y funciones de excreción, tanto de productos que no le hacen bien al cuerpo, como de líquidos.
“En el consultorio veo a diario que la gente no está acostumbrada a consumir el líquido necesario; hablamos para una persona de 70 kilos, debe consumir un promedio de 1 litro y medio de agua por día. Nuestro cuerpo utiliza el agua para todas sus funciones vitales, incluso para la renovación de nuestras células. Cuando comienza a faltar el liquido en nuestro organismo, el riñón empieza a concentrar la orina y a retenerla para preservar estas funciones vitales”.
Cuando hablamos de agua, no nos estamos refiriendo a los líquidos en general, como puede ser el mate, el café o jugos; estamos hablando del agua en si es lo ideal, los otros líquidos solo son complementos de la cantidad de agua necesaria para nuestro cuerpo.
En el mundo las dos principales causas de enfermedades renales crónicas son la hipertensión arterial y la diabetes.
Al respecto, el Dr. Moya considera que “Coexisten enfermedades renales que te hacen hipertenso y la hipertensión que puede derivar en una enfermedad renal, ya que el riñón es uno de los principales órganos que manejan la presión arterial”.
Respecto de los suplementos alimenticios que en este momento están muy en auge, el especialista sostiene que “hay muy pocos suplementos que están comprobados que son inocuos para nuestra salud renal; por ello mi recomendación es que no consuman nada si primero no se hicieron un chequeo general”.
No sucede lo mismo con los analgésicos, que según la OMS son los responsables del 25% de los casos de insuficiencia renal crónica están relacionados al consumo excesivo de este tipo de medicamentos. Al respecto, el especialista sostiene que “Los AINES (Antiinflamatorios no esteroideos) lo que producen a nivel renal es la relajación de una serie de arterias que están en el riñón que originan la caída del filtrado renal. Hay algunos analgésicos que son muy nefrotóxicos como el diclofenac. He tenido pacientes que terminan en diálisis por consumo excesivo de antiinflamatorios; de allí la peligrosidad de la automedicación, es decir, que debemos entender que cualquier medicamento debe ser recetado por un profesional”.
La enfermedad renal tiene varias etapas; las primeras son tratables y se descubren solo a partir de la pesquisa de laboratorio porque no provocan síntomas ni dolor; mientras avanza la enfermedad, ya se puede hablar de síntomas y puede derivar en una biopsia de riñón para determinar de qué patología se trata. Mientras que en la última etapa de la enfermedad renal, ya el órgano pasa a ser insuficiente para cumplir sus funciones y el paciente debe ser sometido a una terapia sustitutiva: la hemodiálisis, la diálisis peritoneal o el trasplante de riñón.
También el Dr Moya se refirió también al consumo excesivo de sodio, especialmente en la sal de mesa. “Todo lo que consumimos tiene sodio, una molécula que retiene líquido básicamente, generando un aumento del volumen sanguíneo y por ende, un aumento de la presión arterial. En un riñón sano, siempre y cuando no se abuse de la sal, no habría ningún inconveniente; no así en un riñón que ya está dañado, para lo cual, siempre indicamos una dieta hiposódica.
Como en todos los aspectos de nuestra salud, la prevención es clave para mantener nuestros riñones saludables y evitar llegar a una enfermedad renal irreversible. Es fundamental ser conscientes de los de riesgo y tomar medidas proactivas para cuidar uno de los órganos más vitales del cuerpo.




