Además, poseen los casos de aterosclerosis coronaria más bajos registrados en cualquier población estudiada, y pocos registros de hipertensión, diabetes y obesidad.

Las comunidades indígenas tsimane y mosetén de la Amazonía boliviana presentan una prevalencia de demencia inusualmente baja, inferior al 2%, lo que ha despertado un profundo interés en la comunidad médica. Un seguimiento longitudinal de casi cinco años realizado a 730 adultos reveló 22 nuevos casos, estableciendo una incidencia de 7,40 casos por cada 1.000 personas al año. Aunque esta tasa de aparición es comparable a la de países industrializados en menores de 80 años, el total de personas que vive con la enfermedad se mantiene significativamente bajo, según el estudio publicado en la revista científica Alzheimer’s & Dementia.

Parte de esta reducida prevalencia se explica porque las personas diagnosticadas enfrentan un riesgo de muerte seis veces mayor y una supervivencia media sensiblemente más corta que en sociedades occidentales. El estilo de vida de estas poblaciones exige un alto rendimiento físico para actividades cotidianas como la caza, la pesca, la recolección y la agricultura de subsistencia. Por ello, la pérdida de capacidades cognitivas para coordinar tareas o conseguir alimento genera un impacto inmediato y crítico en la supervivencia de los afectados.

Sin embargo, la mortalidad acelerada no es la única razón detrás de estos números. Investigaciones previas del Proyecto de Salud e Historia de Vida Tsimané han demostrado que la salud cardiovascular y el modo de vida juegan un rol protector determinante. En 2021, un análisis de tomografías computarizadas publicado en The Journals of Gerontology: Series A mostró que la atrofia cerebral vinculada al envejecimiento en los tsimane es un 70% menor en comparación con poblaciones industrializadas, a pesar de estar expuestos a altas cargas de infecciones y procesos inflamatorios.

A esto se suma un hallazgo clave publicado en la revista The Lancet, que identificó que este grupo indígena posee los niveles de aterosclerosis coronaria más bajos registrados en cualquier población estudiada. La escasa presencia de hipertensión, diabetes, obesidad y tabaquismo, sumada a una dieta libre de alimentos ultraprocesados y a una constante actividad física, protege el sistema vascular y disminuye el daño en las arterias que irrigan el cerebro a lo largo de los años.

Otro elemento distintivo es que los casos observados de deterioro cognitivo no presentan el patrón clásico del Alzheimer, caracterizado por la pérdida progresiva de la memoria. En su lugar, las afectaciones principales se dan en la atención, el razonamiento y la planificación de tareas. Los marcadores biológicos señalan mayores niveles de cadena ligera de neurofilamento —un indicador general de neurodegeneración—, pero no muestran la acumulación de proteínas amiloide o tau fosforilada típicas del Alzheimer, reforzando la hipótesis de un origen predominantemente vascular.

Las investigaciones señalan que la genética, como la variante APOE ε4, también interactúa con factores inmunitarios y ambientales para moldear el riesgo individual. Como ha destacado el equipo de científicos internacionales involucrado en estos hallazgos, comprender los mecanismos biológicos que protegen a las comunidades de la Amazonía boliviana no busca idealizar su exigente entorno, sino ofrecer claves valiosas para diseñar nuevas estrategias de prevención de la demencia a nivel global.

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