El baile está mejorando la vida de personas con trastornos neurocognitivos y de movimiento como enfermedad de Parkinson, esclerosis múltiple y lesiones cerebrales.
Cada vez surgen más evidencias de que bailar ayuda a estimular la salud cerebral y a manejar los síntomas de trastornos neurocognitivos y de movimiento, como enfermedad de Parkinson, esclerosis múltiple (EM), enfermedad de Alzheimer, demencia e incluso lesiones cerebrales, y cada vez son más los programas de danza accesible y los terapeutas especializados en movimiento que están ayudando a mejorar las vidas de millones de personas.
Son varios los estudios que muestran que aquellas actividades que se enfocan en habilidades como equilibrio, coordinación, flexibilidad, creatividad y trabajo con la memoria pueden mejorar los síntomas de la enfermedad de Parkinson.
Y para muchas personas, bailar es una de las formas más entretenidas de lograrlo: en un estudio de la Universidad de York realizado en 2021 se señaló que un entrenamiento de danza semanal mejoraba la función motora y la vida diaria para individuos con enfermedad de Parkinson leve a moderada.
¿Por qué hay que bailar?
Entonces, ¿qué diferencia una clase de baile de una caminata a paso rápido? En “La danza como medicina”, Helena Blumen, científica cognitiva de la Escuela de Medicina Albert Einstein de Nueva York, afirma que la intrincada multiplicidad de tareas mentales que requiere la danza pone en funcionamiento varias partes del cerebro a la vez, lo que puede llevar al fortalecimiento de conexiones neuronales entre diferentes regiones del cerebro.
Básicamente, la danza exige más “capacidad intelectual” que simples ejercicios repetitivos. “Es una actividad exigente social, cognitiva y físicamente”, explica Blumen. Cualquiera que haya sentido alguna vez ese deseo irrefrenable de balancearse al ritmo de su canción favorita sabe que combinar música y movimiento, lo que un investigador describió como “doble placer”, puede mejorar el ánimo y aliviar el estrés.
Sin embargo, es mucho más lo que sucede en el cerebro cuando una persona trata de seguir incluso la coreografía más simple. “En la danza, debemos aprender patrones, pensar simétrica y asimétricamente, y recordar secuencias”, explica David Leventhal, director del programa y docente fundador del programa de baile especializado en personas con Parkinson Dance for PD.
Si bien los científicos aún tratan de comprender cómo funcionan en el cerebro los mecanismos del baile, está comenzando a surgir una idea mucho más clara de este fenómeno.
En 2018, investigadores de la Universidad Otto von Guericke en Magdeburg, Alemania, realizaron resonancias magnéticas a adultos mayores que habían participado en dos programas durante seis meses: un grupo practicaba danza y el otro realizaba un programa de ejercicio tradicional con ciclismo y entrenamiento de fuerza.
Los integrantes de ambos grupos mejoraron su estado físico, pero quienes bailaban desarrollaron mayor cantidad de materia gris y blanca en las partes del cerebro responsables de los procesos cognitivos, como memoria de trabajo, atención y razonamiento de alto nivel.
Los niveles de materia gris y blanca suelen descender con el envejecimiento, lo que retrasa la comunicación en el cerebro y vuelve más difícil ciertas tareas cognitivas como resolución de problemas y realización de tareas simultáneas. Además, quienes practicaban danza registraron un aumento en su plasma sanguíneo del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una proteína que desempeña un rol crucial en el desarrollo de la plasticidad cerebral.
Combinados, según conjeturas de los investigadores, estos cambios en el cerebro contribuirían a brindar mayor neuroplasticidad, esto es, la capacidad del cerebro para desarrollar conexiones y secuencias nuevas.
En un estudio diferente realizado en 2022, Blumen y otros investigadores de la Escuela de Medicina Albert Einstein señalaron que, en comparación con una rutina de caminata en cinta, practicar baile de salón como entretenimiento social entre adultos mayores de 65 años se asociaba con menores niveles de atrofia en el hipocampo, una región del cerebro clave para el funcionamiento de la memoria que se ve particularmente afectada por la enfermedad de Alzheimer.
En otras palabras, el centro de memoria de quienes practican danza no se encoje tan rápidamente, lo que potencialmente desaceleraría el avance de la enfermedad y mejoraría la calidad de vida general del paciente. En estudios similares se muestran los beneficios de la danza respecto de otros problemas de salud desde EM y enfermedad de Huntington hasta autismo y depresión.
La terapia de baile incluso puede ayudar a personas con lesiones cerebrales. En un estudio finlandés en el que participaron once personas con lesiones cerebrales traumáticas graves se señaló que la rehabilitación con danza podía mejorar su movilidad, las habilidades cognitivas y el bienestar.
Además de los beneficios físicos y neurológicos de esta práctica, la danza también puede ayudar a las personas que viven con una enfermedad a aceptar aquello que sus cuerpos pueden o no pueden hacer.“Bailar es amigarse con el cuerpo, como un catalizador para desarrollar conciencia de uno mismo, voluntad, motivación y aceptación.
En lugar de tratar de controlar, o “reparar”, lo que no funciona, el baile se enfoca en desarrollar mayor conciencia del propio cuerpo y moverse según la propia capacidad, independientemente de cualquier diferencia física o cognitiva.
El uso terapéutico de la danza tiene un gran potencial, solo falta comprobarlo con estudios de mayor alcance. Aquellas personas que no se sienten atraídas por el baile pueden probar otras actividades físicas que también estimulan el cerebro, como tai chi o yoga, aunque las clases virtuales de danza permiten bailar desde la tranquilidad de sus casas.








