Los especialistas explican cuándo conviene usar cada uno y qué hábitos de higiene evitan posibles infecciones graves en la córnea.
¿Eres de las personas que se ponen las lentes de contacto al levantarse y no se las quitan hasta la hora de dormir? Si es así, quizás estés pidiendo a tus ojos más de lo que deberían aguantar. La solución no pasa por renunciar a ellas, sino por alternarlas con anteojos. Lentes de contacto y anteojos no son rivales, sino complementarios.
Nerea Pérez, optometrista del Hospital Clínic Barcelona, lo resume como una cuestión de comodidad. Las lentes de contacto son la mejor opción para las actividades fuera de casa, laborales o deportivas, porque dan más movilidad y precisión. Al llegar a casa, lo recomendable es cambiarlas por anteojos para que los ojos descansen. “No hay una respuesta concreta, sino que son complementarios. Lo ideal es que un usuario de lentes de contacto que las lleva todo el día se ponga anteojos al llegar a casa para descansar el sistema ocular”, apunta la especialista. Y añade que la combinación funciona siempre que tanto una como otras se mantengan bien y se respeten las horas de uso.
En lo que respecta a las lentes de contacto, especialistas del Hospital Clínic Barcelona recomiendan no llevarlas puestas más de 12 horas al día y lubricar los ojos con lágrimas artificiales compatibles mientras se usan. Advierten que, cuando no se usan correctamente, pueden provocar una queratitis infecciosa, es decir, una infección de la córnea, la capa transparente de la parte delantera del ojo. Suele deberse a hábitos como dormir, ducharse o bañarse con ellas puestas, o guardarlas en agua en lugar de líquido específico. La más grave está causada por la Acanthamoeba, un tipo de parásito muy presente en el suelo y en casi todo tipo de aguas, excepto en el mar (por la sal). La infección provoca mucho dolor y, si se trata tarde o no responde al tratamiento, puede requerir un trasplante de córnea e incluso causar la pérdida de visión.
Según un estudio multicéntrico en el que ha participado el Instituto Clínic de Oftalmología, en España se estima 1 caso de queratitis infecciosa por lentes de contacto por cada 30.000 habitantes al año. Josep Torras, oftalmólogo, advierte que “se calcula que la incidencia ha aumentado en los últimos años” porque el estudio incluyó los años de pandemia, “en los que seguramente hubo más uso de gafas y menos de lentillas”. La buena noticia es que la Agencia Europea del Medicamento ha aprobado un tratamiento específico contra la Acanthamoeba y que ahora se detecta con una prueba más sensible que los cultivos que se usaban antes.
Cuidados
La prevención empieza en las manos: hay que lavarlas, enjuagarlas y secarlas antes de tocar las lentes de contacto y no deben enjuagarse nunca con agua de grifo ni saliva, y las soluciones deben estar dentro de la fecha de caducidad. El estuche se vacía y se enjuaga con la solución recomendada después de cada uso, y se deja secar al aire. Tampoco deben llevarse a la piscina, al mar o a la ducha.
Los anteojos también necesitan mantenimiento, porque si están estropeados obligan a forzar la vista. No conviene limpiarlos con telas secas, que pueden rayar la lente, ni con productos abrasivos como amoníaco, lejía o acetona, que dañan la capa antirreflejante. Hay que guardarlos en una funda rígida para que no se deformen ni se rompan, y quitarlos con las dos manos para evitar que se caigan.
Ahora bien, para descansar la vista, no basta con cambiar las lentes de contacto por los anteojos al llegar a casa. Delante de la computadora, conviene mirar al horizonte, sin enfocar nada, 20 segundos por cada 20 minutos. También hay que evitar frotarse los ojos, un gesto que aumenta el malestar y que puede provocar lesiones. Y conviene hacer una revisión de la vista, como mínimo, una vez al año.



