Sociedades médicas españolas destacan el riesgo de un peor uso del lenguaje y dificultades en las capacidades cognitivas durante el crecimiento.
Las sociedades médicas españolas han presentado en el Congreso un compendio de 70 pruebas científicas que avalan una política de cero uso de pantallas para menores de seis años. El documento, respaldado de forma unánime por 13 sociedades estatales, advierte sobre la influencia negativa de la inteligencia artificial y los dispositivos digitales en el desarrollo cerebral infantil y la aparición de una creciente dependencia emocional entre adolescentes, según lo publicado hoy en el diario digital El Mundo.
La evidencia científica recopilada por los expertos busca establecer límites claros en el acceso digital de la infancia en España. El informe, presentado ante la Comisión de Justicia del Congreso en plena tramitación de la ley de Protección a los Menores en los Entornos Digitales, respalda la recomendación de que los menores de 6 años no tengan ningún acceso a pantallas, estableciendo un máximo de una hora diaria para el grupo de 6 a 12 años y dos horas para los mayores de 12. De esta manera, se recogen datos verificables que asocian el uso prolongado y no supervisado de dispositivos digitales con perjuicios en el lenguaje, la cognición y la regulación emocional durante la infancia.
La Sociedad Española de la Adolescencia, presidida por María Angustias Salmerón, ha alertado de una tendencia al alza en la dependencia emocional de los adolescentes hacia la inteligencia artificial. Salmerón ha detectado pacientes que utilizan ChatGPT como buscador preferente debido a que lo consideran más directo que Google, al mismo tiempo que le otorgan mayor credibilidad que a los adultos, incluso cuando reciben respuesta con información errónea.
Del mismo modo, Salmerón ha indicado a El Mundo que existen “pacientes adolescentes que cuestionan su propia enfermedad o abandonan tratamientos siguiendo las indicaciones de la IA, porque carecen de herramientas para refutar lo que leen y acaban retroalimentando esta dependencia emocional, en la que la IA responde lo que desean oír”.
Esta preocupación sobre los efectos psicológicos y sociales de la digitalización también ha sido recogida por los expertos que han intervenido en la presentación del informe, respaldado por todos los colectivos científicos especializados en menores, incluidas la Asociación Española de Pediatría, la Sociedad Española de Neurología, la Asociación Española de Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia y la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia. El extenso listado incluye, además, hasta una veintena de asociaciones de la sociedad civil y 13 sociedades médicas estatales, sin que ninguna de las principales se haya desvinculado del acuerdo.
La presentación del documento ante el Congreso coincide con el debate parlamentario de la futura ley de Protección a los Menores en los Entornos Digitales, en fase de enmiendas. El texto destaca la necesidad de evitar el “alarmismo indiscriminado que atribuye toda disfunción adolescente al uso digital”, aunque tampoco respalda la “minimización sistemática que utiliza la falta de causalidad perfecta como justificación para no actuar”. El argumento central es que existe evidencia robusta de que determinadas exposiciones digitales contribuyen a resultados negativos concretos para la infancia.
Entre los datos que los expertos han recopilado, y de los que El Mundo se ha hecho eco, se incluyen estudios neurocientíficos con imágenes cerebrales y trabajos longitudinales. El vicepresidente de la Sociedad Española de Neurología, David Ezpeleta, ha subrayado ante el Congreso el impacto del “estímulo monocorde” de las pantallas. Se ha referido al estudio publicado por Hutton en 2020, que concluye que un mayor tiempo de pantalla en preescolares se asocia con diferencias en la microestructura de la sustancia blanca en vías frontotemporales cerebrales ligadas al lenguaje.
Cristina Cordero, cocoordinadora del grupo de trabajo de la Sociedad Española de Neuropediatría, ha explicado al medio citado lo siguiente: “La evidencia científica actual puede afirmar que la exposición temprana a pantallas, especialmente cuando es pasiva, prolongada o sustitutiva de la interacción adulto-niño, se asocia con peores resultados en lenguaje, cognición, autorregulación y funciones ejecutivas”. Para la experta, “el contenido inapropiado para la edad y el uso de pantallas por parte del cuidador, un fenómeno conocido ya como technoferencia, se asocian también con peores resultados psicosociales”.
Desde el ámbito de la psicología, José Antonio Luengo, vicepresidente del Consejo General de la Psicología de España, ha advertido en declaraciones recogidas por El Mundo que se está observando una fuerte vinculación al llamado “chupete digital”, que dificulta el desarrollo de un apego seguro. Según Luengo, la carencia de esta vinculación afectiva puede correlacionar con trastornos adictivos en etapas posteriores.
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El documento presentado respalda la regulación europea que ya prevé sistemas de verificación de edad, exigencia de responsabilidad a las plataformas y límites en el diseño. Los expertos insisten, de acuerdo con la publicación de El Mundo, en abordar el fenómeno como un problema de salud pública, planteando soluciones que vayan más allá de la mera contabilización del tiempo frente a dispositivos.
Fuente: El Mundo.






